El pasado verano se descubrieron en el Pirineo aragonés los yacimientos paleontológicos a más altitud de Europa Occidental. Un trabajo liderado por cuatro investigadores del Grupo Aragosaurus de la Universidad de Zaragoza (Raquel Rabal-Garcés y Víctor Sauqué), el Centro de Espeleología de Aragón (Mario Gisbert) y el Instituto Pirenaico de Ecología (Ricardo García González) revelaron un total de tres zonas de hallazgos a más de 2.000 metros de altura, con restos fósiles de alto interés científico: dos esqueletos casi enteros de bucardo –una especie extinta de cabra ibérica propia de los Pirineos cuyo origen todavía no es bien conocido- y restos de Ursus deningeri, el antepasado del oso de las cavernas que vivió durante el Pleistoceno Medio, hace entre 780 y 120 000 años. El trabajo salió publicado la semana pasada en la revista de ciencias Lucas Mallada.

Ricardo García González, científico titular del Instituto Pirenaico de Ecología en su sede de Jaca, es uno de los promotores de este estudio que empezó en 2013 y que ha prospectado cavidades de la Sierra de Secús, Barranco Jardín, Los Lecherines, la Sierra de Tendeñera y el Serrato Gallisué. “El trabajo de campo se realizó aproximadamente en unos 45 días y el procesamiento de los fósiles llevó otro tanto. Sin embargo, la preparación y el estudio de todo ese material aún no ha terminado y seguimos preparando varios trabajos para su publicación”, comenta.

El valor de los yacimientos, además del hito que supone la altura a la que se han encontrado, reside principalmente en los restos encontrados. El trabajo, en el que han participado alrededor de 25 profesionales, ha sacado a la luz dos esqueletos de bucardos fósiles cuyo análisis arrojará luz sobre dos aspectos clave de su existencia pasada: su antigüedad en la Península y su taxonomía. “La teoría más extendida establecía la llegada de la Capra pyrenaica a los Pirineos hace unos 18.000 años, pero las dataciones de Carbono 14 de nuestro material han proporcionado una antigüedad de unos 45.000 por lo menos. Es posible, sin embargo, que la presencia de esta especie en la península ibérica sea más antigua”, expone García González. El estudio de los bucardos, además, trae consigo una controversia que atañe a su clasificación: hay autores que han unificado las especies de cabras ibéricas –algunos sin reconocer siquiera subespecies, otros describiendo hasta cuatro- y otros que defienden la división de dichos animales en dos especies distintas (la propia Capra pyrenaica y la Capra Hispanica del sur de España). Hacia esta última postura apuntan las investigaciones del científico del IPE: “El hecho de que el bucardo esté extinto y de que haya muy pocos restos de él, concede mucho más valor a los restos fósiles que hemos encontrado, ya que ayudará a esclarecer la taxonomía de las cabras ibéricas actuales. Estos restos son únicos ya que parece que no existe ningún esqueleto de ningún macho perteneciente al bucardo”.

Las campañas de prospecciones de este trabajo permitieron, además, encontrar los primeros restos en el Pirineo español del Ursus deningeri, el ‘abuelo’ del oso de las cavernas. “Hemos encontrado los restos en una cueva de la sierra de Secús (Valle de Hecho) a 2.160 metros de altitud y es un paso muy interesante para comprender la ecología y evolución de los osos en la Península”, cuenta García González.

El trabajo completo, del que aún se espera más información, puede consultarse en la página web del Instituto de Estudios Altoaragoneses.

 

Observación | A aquellas personas que encuentren restos fósiles, en cuevas u otro terreno, se les ruega no tocarlos y avisar al Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Zaragoza (Grupo Aragosaurus) o bien al departamento de Patrimonio del Gobierno de Aragón.

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