Un equipo de investigadores del Instituto Pirenaico de Ecología se desplazó el pasado domingo al entorno del glaciar de Monte Perdido para llevar a cabo un profundo examen sobre el estado actual de esta superficie helada. Los objetivos principales: conocer más sobre su estructura interna y su espesor y saber cuánto ha retrocedido en superficie y volumen de un año a otro.

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La campaña ha estado liderada por el investigador del IPE Juan Ignacio López Moreno (del grupo Hidrología ambiental) y contó con la participación del equipo de Paleoambientes cuaternarios del Instituto. Ambos grupos, con sus líneas de investigación propias, han colaborado juntos en una expedición que se alargó hasta ayer martes.

El glaciar de Monte Perdido, localizado en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, es una de las principales masas de hielo del Pirineo y se encuentra en claro retroceso: en los últimos 35 años, se estima que su superficie se ha reducido en un 24%. “Hay sospechas de que los glaciares pirenaicos ya pudieron llegar a desaparecer en el Óptimo Climático Medieval –un periodo cálido de hace aproximadamente un milenio- por lo que este estudio sirve para contextualizar el alcance del cambio climático actual”, expone López Moreno. Otro atractivo de la observación del glaciar reside en que aún no se ha averiguado con exactitud cuál es su antigüedad, y dar con este dato facilitaría entender cómo fueron los cambios climáticos pasados y, por extensión, permitiría prever cada vez más  las consecuencias del presente. “Nuestro objetivo principal es datar la edad del glaciar y esta campaña nos ha servido para ver y conocer mejor la zona, así como para tomar las primeras muestras de hielo donde hemos buscado restos de materia orgánica”, comenta Ana Moreno, científica especializada en espeleotemas y cuevas de hielo perteneciente al grupo Paleoambientes cuaternarios. Para esa meta, su equipo de investigación encabeza un ambicioso proyecto del programa EXPLORA (proyecto PaleoICE).

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En estas jornadas de trabajo se ha utilizado el georradar (Ground Penetrating Radar). Se trata de un aparato móvil que, mediante las ondas electromagnéticas que transmite a través del suelo, permite conocer el espesor y la estructura interna del hielo, una información muy útil para decidir la mejor localización de posibles sondeos futuros. Asimismo, el equipo utilizó un láser de escáner terrestre con el que se hacen topografías de la superficie del glaciar para así comparar la forma de la masa helada respecto a años anteriores. “También tenemos puestas unas cuantas balizas que, junto con un GPS de precisión, permiten observar el movimiento del glaciar y cuánto ha descendido el nivel del hielo. Queremos conocer cuánto hay, cuánto va perdiendo o cambiando”, añade López Moreno. Estos son algunos de los procedimientos y herramientas que se emplearon en esta expedición para analizar, como se hace todos los años, la situación de esta bella estructura de Monte Perdido. Una revisión sobre su estado de salud cuyos resultados se conocerán en las próximas semanas.

En este trabajo de campo han participado alrededor de una docena de investigadores y ayudantes del IPE y la Universidad de Zaragoza, así como de la UPV (Universidad del País Vasco), de la Universidad Politécnica de Madrid, y del Centro de Astrobiología del CSIC. La campaña también ha monitorizado la temperatura y ha recolectado muestras del Lago de Marboré.

 

La ETB se une a la expedición

Curiosamente, la expedición a Monte Perdido fue acompañada por un equipo de grabación del programa ‘Teknópolis, un espacio de la televisión autonómica vasca especializado en ciencias y tecnología. El grupo filmó durante dos días los distintos procedimientos y técnicas que se llevan a cabo para recoger datos sobre el glaciar de Monte Perdido y tomó testimonios explicativos de los investigadores del IPE.

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