Ayer sábado el Instituto Pirenaico de Ecología organizó su tradicional excursión científica de otoño. El destino elegido esta vez fue el primer tramo del Camino Natural de la Hoya de Huesca, entre los Mallos de Riglos y los Mallos de Agüero. Una ruta de 9,1 kilómetros en los que más de 50 asistentes pudieron conocer mejor estas maravillas geológicas y la flora que las rodea. Las explicaciones corrieron  a cargo de Daniel Gómez, investigador y vicedirector del IPE, y de José María Samso, geólogo en la Universidad de Zaragoza.

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La excursión, abierta a todo el público y edades, salió desde Zaragoza en autobús y comenzó el camino sobre las 10.30 de la mañana en Riglos. Durante el trayecto se pudo apreciar muestras de la vegetación típica mediterránea: desde el árbol que bien podría ser el más representativo de la Península Ibérica, la encina, o aquel que funciona como indicador de las zonas más relativamente cálidas en invierno, el madroño. Incluso hubo tiempo para darle algún bocado al áspero fruto de este último. El camino también estuvo salpicado de lentiscos e incluso de antiguos olivos milenarios, de tronco robusto, cuya presencia se ha reducido drásticamente en los últimos años por los cultivos de variedades más jóvenes y productivas. Las paredes de conglomerado de los mallos acapararon la otra parte de las charlas in situ de los guías científicos, tanto en lo relacionado a su formación como a su situación geográfica.

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Siempre con el paisaje de fondo de los mallos de Riglos primero, y los de Agüero después, el camino transcurría por empinadas cuestas pedregosas que hicieron resollar a los más inexpertos y zonas llanas y -con suerte- sombrías que servían para coger aliento. El día fue especialmente cálido teniendo en cuenta las fechas: al mediodía se alcanzaron los 24 grados, con un Sol intenso y sin rastro de la niebla con la que había amanecido el Valle del Ebro. Los mallos enclavados en las proximidades de ambos pueblos, como si fueran centinelas de los mismos, están separados por una distancia de unos 6 kilómetros, aunque el sendero natural de 9 kilómetros que los une se desvía por el sur y los une en forma de ‘U’. De esta forma, los caminantes observan una mayor variedad de especies vegetales y paisajes. Y es que hubo tiempo para las fotos y para contemplar vistas de gran valor estético, como la del río Gállego desde la Pasarela que une Riglos con Murillo de Gállego.

Tras más de cuatro horas de camino, alrededor de las 15.00, la expedición llegó a la localidad de Agüero, donde los excursionistas desenfundaron los bocadillos y los refrescos para reponer fuerzas en el albergue.

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A esta tradicional excursión organizada con el IPE, que tiene como fin difundir sobre el terreno el conocimiento asociado a sus líneas de investigación, acudieron apasionados de la naturaleza y del medio ambiente así como una buena parte de investigadores, técnicos y demás personal de centros como la Estación Experimental del Aula Dei, la Confederación Hidrográfica del Ebro, el Instituto de Carboquímica o la Asociación Naturalista de Aragón. La próxima salida organizada por el Instituto se realizará en primavera.

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