Durante estas semanas, las fresas toman los exteriores de las casas de Zaragoza. Y no se debe a una fiebre temprana por el consumo de este fruto tan característico de la primavera. Estas coloridas plantas son protagonistas desde diciembre del proyecto ‘Vigilantes del Cierzo’, desarrollado por la Fundación Ibercivis y el Ayuntamiento de Zaragoza, que persigue saber más sobre la calidad del aire de la ciudad y, concretamente, sobre los metales pesados en suspensión. Se trata de un programa pionero de ciencia ciudadana en el que cualquiera puede ‘apadrinar’ gratuitamente una de estas plantas, colocarla en su balcón, y esperar a que sus hojas actúen como un medidor natural de la contaminación atmosférica. El Instituto Pirenaico de Ecología colabora con el proyecto a través del investigador Enrique Navarro, que aporta su experiencia acerca del uso de plantas ornamentales urbanas como indicadores del nivel de polución. También cooperan otras instituciones como la Universidad de Zaragoza.

“Los participantes deben tener las fresas en sus terrazas y balcones durante tres meses, siguiendo unas sencillas instrucciones acerca de su colocación y cuidado. Pasado este tiempo, deberán cortar tres hojas maduras y enviarlas en un sobre a los coordinadores. Esas hojas serán luego analizadas para conocer la calidad del aire de la zona donde han estado situadas”, explica el investigador del IPE. En total, se espera contar para el análisis con un máximo de 1.000 plantas, de las cuales buena parte fueron repartidas a particulares y colegios el pasado 20 de diciembre provenientes desde los huertos ecológicos zaragozanos Hortals. La fecha de recogida de muestras se sitúa en torno a marzo de este año.

La ciencia ciudadana permite a públicos de todos los tipos aportar su grano de arena a la investigación científica. Mayores, jóvenes, gente aficionada a la Ciencia, menos familiarizada… En este caso, Ibercivis –con Fermín Serrano a la cabeza- y Zaragoza Activa se han unido para desarrollar una iniciativa que nunca antes se había ofrecido en España. ‘Vigilantes del Cierzo’, eso sí, ya ha estado presente –con diferente nombre y formato- en otros lugares de Europa como Amberes (Bélgica). Ahí, el proyecto ‘AirBrezen’ de la Universidad local ya unió en 2014 a la ciudadanía y las plantas de fresas con el fin de estudiar la contaminación.

vigi-cierzoMaceta para ‘Vigilantes del Cierzo’ (@Zgzguia)

Claro que, para extraer resultados rigurosos y fiables, los estudios de ciencia ciudadana también precisan de una serie de mecanismos de control. En el caso de este proyecto, son muy sencillos. Junto a la planta se adjunta un cuestionario en el que cada participante debe rellenar datos como la fecha del inicio de la exposición de la planta, el piso de la vivienda donde está colocada (para tener en cuenta la altura desde el suelo), elementos arquitectónicos que puedan influir en el registro de estos contaminantes, u otras circunstancias reseñables que afecten a dicho depósito de partículas (por ejemplo, la presencia cercana de una fábrica). Nada que no pueda solucionar un lápiz, un papel, y una buena predisposición a cuidar correctamente de nuestro vegetal.

¿Por qué las fresas?

Las fresas, un elemento cotidiano en la nevera de las casas durante parte del año, forman un llamativo reclamo para ‘Vigilantes del Cierzo’. ¿Por qué son las elegidas para el proyecto? “En realidad, hay muchas plantas que pueden ser apropiadas. Deben cumplir una serie de requisitos, como el de sobrevivir en ambientes urbanos, que sus hojas duren bastante tiempo, que sean fáciles de cuidar para la gente… en este caso, al ser invierno, se debía encontrar igualmente una candidata que sobreviviera al frío de Zaragoza. La fresa encaja en esta descripción”, señala Enrique Navarro.

Precisamente este investigador ha profundizado como pocos en los biomonitores que sirven para conocer el estado de salud de la atmósfera urbana. En 2011 publicó un trabajo titulado ‘Las plantas urbanas como indicadores de la polución atmosférica’. “En ese estudio realizamos un análisis del contenido de metales de las hojas de adelfas en más de 100 puntos de Zaragoza. Ello nos permitió realizar mapas detallados del área urbana en relación a la calidad del aire y concluimos que era una planta idónea para ser utilizada en programas de monitorización regular de la calidad ambiental en urbes”, explica Navarro.El investigador del IPE aporta ahora sus conocimientos de esa experiencia piloto a ‘Vigilantes del Cierzo’, donde las manos científicas se extienden a zaragozanos de todos los perfiles.

Casas, pisos, colegios –varios centros educativos ya cuentan en sus aulas con estas macetas- e incluso instituciones y empresas cuidan de las plantas para cuando llegue el momento de enviar sus hojas, previo aviso de los coordinadores. El resultado de los posteriores análisis, a buen seguro, ofrecerá una precisa radiografía del aire zaragozano gracias a dos elementos nada extraordinarios: un simpático y sabroso fruto y mucho espíritu científico a pie de calle.

Fotografía principal: @zgzguia
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